Bibliographic Details
| Title: |
Relación entre el consumo de tabaco, salud mental y malestares físicos en hombres trabajadores de una empresa textil mexicana. |
| Alternate Title: |
Relationship among current tobacco use, mental health and physical distress in male workers of a Mexican textile industry. |
| Authors: |
Carolina Rodríguez Machain, Ana1, Angélica Martínez Vélez, Nora1, Juárez García, Francisco1, Karina López Lugo, Elsa2, Carreño García, Silvia1 carrenog@imp.edu.mx, Elena Medina-Mora, María3 |
| Source: |
Salud Mental. jul/ago2008, Vol. 31 Issue 4, p291-297. 7p. 1 Diagram, 2 Charts, 2 Graphs. |
| Subjects: |
TOBACCO use, HEALTH of cigarette smokers, HEALTH of textile workers, SOCIAL psychology, SELF-esteem, PSYCHOLOGY |
| Geographic Terms: |
MEXICO |
| Abstract (English): |
Introduction Tobacco use is considered a worldwide public health problem because of the amount of death and disease it causes. The WHO reports that 30% of the adult population in the world are cigarette smokers, and that nearly five million of these will die within one year. Prospective studies performed by the WHO show that if current tobacco use continues, in 2020 there will be 8.4 million deaths due to tobacco related diseases every year; seven out of 10 of these deaths will occur in emergent countries, like Mexico. More than 53000 tobacco users die every year in Mexico because of tobacco-related diseases, and at least 147 of these die daily. Data from the National Addictions Survey (NAS) 2002 showed that 26.4% of the people between 12 and 65 years old were active tobacco consumers; this amounted to nearly 14 million individuals. Of these, 7.1% were under 18 years old. The number of tobacco consumers in Mexico has increased from nine million in 1988 to 14 million in 2002. According to the NAS, 52% of the users smoke on a daily basis, and 61.4% of them began smoking when they were minors. To know the actual consumption levels, it is important to consider some factors: the number of cigarettes a person smokes, the different situations where a person smokes, and the social and physical consequences of smoking. Thus, it would be possible to develop a consumer classification (i. e. soft consumers, mild consumers, and hard consumers). There may be numerous causes for a person to be ill. When speaking about the harmful effects of tobacco use, the literature is clear in stating that these begin with the first cigarette smoked. However, it can take up to 30 years for a consumer to notice the damage on his health after his/her consumption began; but within the first ten years there are problems in lung function and in physical endurance. When a person starts smoking there are acute and unpleasant side effects that are rarely associated with smoked tobacco use. Consumption creates a tolerance which makes unpleasant effects to stop or fade away, giving place to pleasant sensations produced by nicotine; concentration improves and psychomotor skills, alert, and activation get better and there is a reduction in anxiety and stress. The relationship between tobacco use and mental health is evident at the level of the emotional outcomes of suffering a chronic illness, such as lung cancer. On the other hand, nicotine use has been related to a reduction in the severity of depression. Chemical alternatives for reducing consumption, based on the substance physical effects that promote addiction, have not proven to be effective so far. There is also evidence that consumers that fail in quitting smoking or people that have dependence problems with nicotine show a high prevalence of mayor depression when compared to non-dependent consumers. This association was direct with the severity of nicotine dependence. It also has been observed that smoking interferes often with psychological learning tools, mainly when consumption starts at very early ages. Emotional distress can produce low self-esteem and a lack of self confidence. Therefore, the chances to begin tobacco consumption increase when it is used as a crutch to cope with social pressure and acceptance. Since tobacco use is a conduct that has shown to have serious repercussions on physical health and an important relationship with mental health in human beings, and is therefore a growing public health problem, the objective of this study is to explore a possible link among smoked tobacco consumption, mental health and physical problems in male workers from a textile factory. [ABSTRACT FROM AUTHOR] |
| Abstract (Spanish): |
El consumo de tabaco es considerado un problema de salud pública en todo el mundo debido a la cantidad de enfermedades y muertes relacionadas con su uso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que 30% de los adultos son fumadores y, de éstos, aproximadamente cinco millones de personas morirán en un año. También se estima que para 2020 habrá 8.4 millones de muertes anuales por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, de las cuales siete de cada 10 ocurrirán en países en vías de desarrollo, como México, donde más de 53 mil personas fumadoras mueren al año por enfermedades asociadas al tabaquismo y al menos 147 personas mueren diariamente. Por otro lado, en la bibliografía se ha encontrado que el daño en el organismo por fumar comienza desde el primer cigarro, que a los 10 años se presentan síntomas sutiles en la función pulmonar y disminución de la tolerancia al ejercicio, y que es entre 20 y 30 años después cuando los síntomas hacen a un fumador tomar conciencia del daño a su salud. En cuanto a la relación entre el uso de tabaco y la salud mental, ésta se evidencia por las consecuencias emocionales que conlleva padecer una enfermedad crónica. En este contexto, el objetivo del presente trabajo fue conocer la relación de problemas emocionales y malestares físicos con el consumo de tabaco en hombres trabajadores de una empresa textil mexicana. Método La muestra estuvo conformada por 279 sujetos que laboraban en una empresa textil, en su mayoría jóvenes entre 18 y 27 años (54.5%), con escolaridad de secundaria (59.3%) y casados o en unión libre (65.6%). El instrumento utilizado incluyó las escalas de salud mental (MHI-5), malestares físicos (SCL-90) y consumo de tabaco. La aplicación del instrumento se realizó de manera grupal dentro de la empresa textil en que laboraban los sujetos. Resultados No se encontraron diferencias significativas en cuanto a problemas de salud mental y síntomas físicos entre fumadores y no fumadores. Mediante un modelo de análisis de trayectorias, se analizó la relación existente entre síntomas físicos, problemas de salud mental e indicadores de consumo de tabaco. Se encontró así que el principal predictor de los síntomas físicos en fumadores es el tiempo que llevan consumiendo y que los síntomas físicos son un importante predictor de problemas de salud mental. Discusión Sin importar la cantidad de cigarrillos consumidos, la frecuencia de consumo ni otros indicadores de consumo elevado, el tiempo que se lleva consumiendo es un predictor importante del número de síntomas físicos que se manifiestan, lo que puede deberse a los efectos dañinos que tiene el consumo prolongado del tabaco. De este modo se confirma lo mencionado en otras investigaciones de que, después de los primeros 10 años de consumo, se presentan malestares físicos sutiles y que a lo largo de 20 o 30 años se presentaran malestares importantes. Vol. 31, No. 4, julio-agosto 2008 293 Relación entre el consumo de tabaco, salud mental y malestares físicos INTRODUCCIÓN El consumo de tabaco es considerado un problema de salud pública en todo el mundo, debido a la cantidad de enfermedades y muertes relacionadas con su uso. La Organización Mundial de la Salud (OMS)1 reporta que 30% de los adultos del mundo son fumadores y, de éstos, aproximadamente cinco millones morirán en un año. Estudios prospectivos indican que, de continuar el consumo actual, para 2020 habrá 8.4 millones de muertes anuales por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco. Siete de cada 10 ocurrirán en países en vías de desarrollo, como México, donde más de 53 mil personas fumadoras mueren al año y al menos 147 personas fallecen diariamente.2-5 Los datos de la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) 2002 indican que, de la población de entre 12 y 65 años de áreas urbanas, 26.4% son fumadores activos; 7.1% son menores de 18 años y 37.9% tienen entre 18 y 29 años.2,5 El número de consumidores activos se ha incrementado de nueve a catorce millones entre 1988 y 2002, de acuerdo con los datos obtenidos de las Encuestas Nacionales de Adicciones realizadas en los respectivos años. De éstos, 52% fuma diariamente y 61.4% comenzó a fumar cuando era menor de edad.2,4,5 Para determinar la dependencia a la nicotina, es preciso evaluar la magnitud del síndrome de abstinencia y la tolerancia producida por su uso constante.6 El DSM-IV7 menciona que presentar los siguientes síntomas asociados a la dependencia de la nicotina dificulta más dejar el hábito: fumar al levantarse, fumar cuando se está enfermo, dificultad para dejar de fumar, cuando el primer cigarrillo del día es el más difícil de dejar y fumar más por la mañana que por la tarde. Sin embargo, para poder determinar los niveles de consumo (fumadores leves, moderados y fuertes), se debe considerar la cantidad de cigarrillos fumados, situaciones en que se fuma, consecuencias sociales que puede ocasionar fumar y consecuencias físicas que ocasiona el abuso de la nicotina. Por otro lado, cuando una persona manifiesta tener algún malestar físico, las causas pueden ser innumerables. En cuanto a los efectos dañinos del consumo de tabaco, se ha demostrado que se manifiestan después de un tiempo de haberlo consumido. El daño por fumar comienza desde el primer cigarro, en tanto que los síntomas que hacen a un fumador tomar conciencia del daño en su salud se presentan entre 20 y 30 años de iniciado el consumo; desde los 10 años se presentan síntomas sutiles en la función pulmonar y disminución de la tolerancia al ejercicio.8,9 Cuando una persona comienza a fumar, se presentan efectos agudos desagradables como náuseas, mareos, irritación de los ojos y garganta, ansiedad, temblores, dolores de cabeza de tipo tóxicos, zumbidos de oído, afectación del equilibrio, infecciones en las encías y halitosis. Se ha observado que estas consecuencias se asocian pocas veces al consumo de tabaco, lo cual se refuerza cuando se desarrolla tolerancia, con la que desaparecen algunos de estos efectos agudos. Es entonces cuando surgen los efectos placenteros que provoca el cigarro debido a que, al inhalar la nicotina, se presenta un proceso en el cerebro que estimula placenteramente al organismo.10,11 Esto se percibe como un aparente aumento en la concentración, mejora en la ejecución psicomotora, alerta y activación, así como una reducción en la tensión y la ansiedad.12 En otros estudios se encontró que el tabaco está asociado a la sintomatología depresiva en hombres, sobre todo cuando se tienen niveles altos de consumo de cigarrillos (un paquete o más).13 En cuanto a los efectos físicos, se ha encontrado que el consumo de tabaco se relaciona con enfermedades como bronquitis, enfisema y cáncer de pulmón.14 Específicamente, el tabaquismo se ha asociado con la aceleración y agravamiento de padecimientos que afectan las arterias coronarias como angina inestable, infarto agudo del miocardio o muerte súbita. Del mismo modo, se le asocia con enfermedades cerebro-vasculares.3,15 Por otro lado, la relación entre uso de tabaco y salud mental se evidencia por las consecuencias emocionales que conlleva padecer una enfermedad crónica. Asimismo, las alternativas químicas para reducir el consumo, basadas en los efectos físicos que hacen que se desarrolle la adicción, tienen mejores resultados cuando se proporcionan estrategias de apoyo psicológico y social para los consumidores.8,11 Existe mayor prevalencia de tabaquismo entre pacientes psiquiátricos ambulatorios con diagnóstico de depresión mayor que en población general. Así mismo, los fumadores con intentos fallidos para dejar de fumar presentan alta prevalencia de historia de depresión mayor y las personas con dependencia a la nicotina presentan más casos de de- Si bien no se encontró una relación directa entre consumo de tabaco y salud mental, se puede sugerir una relación indirecta derivada de la influencia que tiene el consumo sobre el plano del bienestar físico. En este sentido es de esperarse que, a medida que se continúe consumiendo tabaco y los malestares físicos aumenten, también se incrementen los problemas de salud mental. Por otro lado, el modelo aquí presentado requiere ser completado incluyendo otras áreas que puedan influir sobre el bienestar físico y mental. Sin embargo, se logró evidenciar la importancia que tiene el consumo de tabaco sobre el malestar físico, a la vez que aumenta la probabilidad de que se presenten más problemas en la salud mental de la población consumidora. [ABSTRACT FROM AUTHOR] |
| Abstract (Spanish): |
El consumo de tabaco es considerado un problema de salud pública en todo el mundo debido a la cantidad de enfermedades y muertes relacionadas con su uso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que 30% de los adultos son fumadores y, de éstos, aproximadamente cinco millones de personas morirán en un año. También se estima que para 2020 habrá 8.4 millones de muertes anuales por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, de las cuales siete de cada 10 ocurrirán en países en vías de desarrollo, como México, donde más de 53 mil personas fumadoras mueren al año por enfermedades asociadas al tabaquismo y al menos 147 personas mueren diariamente. Por otro lado, en la bibliografía se ha encontrado que el daño en el organismo por fumar comienza desde el primer cigarro, que a los 10 años se presentan síntomas sutiles en la función pulmonar y disminución de la tolerancia al ejercicio, y que es entre 20 y 30 años después cuando los síntomas hacen a un fumador tomar conciencia del daño a su salud. En cuanto a la relación entre el uso de tabaco y la salud mental, ésta se evidencia por las consecuencias emocionales que conlleva padecer una enfermedad crónica. En este contexto, el objetivo del presente trabajo fue conocer la relación de problemas emocionales y malestares físicos con el consumo de tabaco en hombres trabajadores de una empresa textil mexicana. Método La muestra estuvo conformada por 279 sujetos que laboraban en una empresa textil, en su mayoría jóvenes entre 18 y 27 años (54.5%), con escolaridad de secundaria (59.3%) y casados o en unión libre (65.6%). El instrumento utilizado incluyó las escalas de salud mental (MHI-5), malestares físicos (SCL-90) y consumo de tabaco. La aplicación del instrumento se realizó de manera grupal dentro de la empresa textil en que laboraban los sujetos. Resultados No se encontraron diferencias significativas en cuanto a problemas de salud mental y síntomas físicos entre fumadores y no fumadores. Mediante un modelo de análisis de trayectorias, se analizó la relación existente entre síntomas físicos, problemas de salud mental e indicadores de consumo de tabaco. Se encontró así que el principal predictor de los síntomas físicos en fumadores es el tiempo que llevan consumiendo y que los síntomas físicos son un importante predictor de problemas de salud mental. Discusión Sin importar la cantidad de cigarrillos consumidos, la frecuencia de consumo ni otros indicadores de consumo elevado, el tiempo que se lleva consumiendo es un predictor importante del número de síntomas físicos que se manifiestan, lo que puede deberse a los efectos dañinos que tiene el consumo prolongado del tabaco. De este modo se confirma lo mencionado en otras investigaciones de que, después de los primeros 10 años de consumo, se presentan malestares físicos sutiles y que a lo largo de 20 o 30 años se presentaran malestares importantes. Vol. 31, No. 4, julio-agosto 2008 293 Relación entre el consumo de tabaco, salud mental y malestares físicos INTRODUCCIÓN El consumo de tabaco es considerado un problema de salud pública en todo el mundo, debido a la cantidad de enfermedades y muertes relacionadas con su uso. La Organización Mundial de la Salud (OMS)1 reporta que 30% de los adultos del mundo son fumadores y, de éstos, aproximadamente cinco millones morirán en un año. Estudios prospectivos indican que, de continuar el consumo actual, para 2020 habrá 8.4 millones de muertes anuales por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco. Siete de cada 10 ocurrirán en países en vías de desarrollo, como México, donde más de 53 mil personas fumadoras mueren al año y al menos 147 personas fallecen diariamente.2-5 Los datos de la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) 2002 indican que, de la población de entre 12 y 65 años de áreas urbanas, 26.4% son fumadores activos; 7.1% son menores de 18 años y 37.9% tienen entre 18 y 29 años.2,5 El número de consumidores activos se ha incrementado de nueve a catorce millones entre 1988 y 2002, de acuerdo con los datos obtenidos de las Encuestas Nacionales de Adicciones realizadas en los respectivos años. De éstos, 52% fuma diariamente y 61.4% comenzó a fumar cuando era menor de edad.2,4,5 Para determinar la dependencia a la nicotina, es preciso evaluar la magnitud del síndrome de abstinencia y la tolerancia producida por su uso constante.6 El DSM-IV7 menciona que presentar los siguientes síntomas asociados a la dependencia de la nicotina dificulta más dejar el hábito: fumar al levantarse, fumar cuando se está enfermo, dificultad para dejar de fumar, cuando el primer cigarrillo del día es el más difícil de dejar y fumar más por la mañana que por la tarde. Sin embargo, para poder determinar los niveles de consumo (fumadores leves, moderados y fuertes), se debe considerar la cantidad de cigarrillos fumados, situaciones en que se fuma, consecuencias sociales que puede ocasionar fumar y consecuencias físicas que ocasiona el abuso de la nicotina. Por otro lado, cuando una persona manifiesta tener algún malestar físico, las causas pueden ser innumerables. En cuanto a los efectos dañinos del consumo de tabaco, se ha demostrado que se manifiestan después de un tiempo de haberlo consumido. El daño por fumar comienza desde el primer cigarro, en tanto que los síntomas que hacen a un fumador tomar conciencia del daño en su salud se presentan entre 20 y 30 años de iniciado el consumo; desde los 10 años se presentan síntomas sutiles en la función pulmonar y disminución de la tolerancia al ejercicio.8,9 Cuando una persona comienza a fumar, se presentan efectos agudos desagradables como náuseas, mareos, irritación de los ojos y garganta, ansiedad, temblores, dolores de cabeza de tipo tóxicos, zumbidos de oído, afectación del equilibrio, infecciones en las encías y halitosis. Se ha observado que estas consecuencias se asocian pocas veces al consumo de tabaco, lo cual se refuerza cuando se desarrolla tolerancia, con la que desaparecen algunos de estos efectos agudos. Es entonces cuando surgen los efectos placenteros que provoca el cigarro debido a que, al inhalar la nicotina, se presenta un proceso en el cerebro que estimula placenteramente al organismo.10,11 Esto se percibe como un aparente aumento en la concentración, mejora en la ejecución psicomotora, alerta y activación, así como una reducción en la tensión y la ansiedad.12 En otros estudios se encontró que el tabaco está asociado a la sintomatología depresiva en hombres, sobre todo cuando se tienen niveles altos de consumo de cigarrillos (un paquete o más).13 En cuanto a los efectos físicos, se ha encontrado que el consumo de tabaco se relaciona con enfermedades como bronquitis, enfisema y cáncer de pulmón.14 Específicamente, el tabaquismo se ha asociado con la aceleración y agravamiento de padecimientos que afectan las arterias coronarias como angina inestable, infarto agudo del miocardio o muerte súbita. Del mismo modo, se le asocia con enfermedades cerebro-vasculares.3,15 Por otro lado, la relación entre uso de tabaco y salud mental se evidencia por las consecuencias emocionales que conlleva padecer una enfermedad crónica. Asimismo, las alternativas químicas para reducir el consumo, basadas en los efectos físicos que hacen que se desarrolle la adicción, tienen mejores resultados cuando se proporcionan estrategias de apoyo psicológico y social para los consumidores.8,11 Existe mayor prevalencia de tabaquismo entre pacientes psiquiátricos ambulatorios con diagnóstico de depresión mayor que en población general. Así mismo, los fumadores con intentos fallidos para dejar de fumar presentan alta prevalencia de historia de depresión mayor y las personas con dependencia a la nicotina presentan más casos de de- Si bien no se encontró una relación directa entre consumo de tabaco y salud mental, se puede sugerir una relación indirecta derivada de la influencia que tiene el consumo sobre el plano del bienestar físico. En este sentido es de esperarse que, a medida que se continúe consumiendo tabaco y los malestares físicos aumenten, también se incrementen los problemas de salud mental. Por otro lado, el modelo aquí presentado requiere ser completado incluyendo otras áreas que puedan influir sobre el bienestar físico y mental. Sin embargo, se logró evidenciar la importancia que tiene el consumo de tabaco sobre el malestar físico, a la vez que aumenta la probabilidad de que se presenten más problemas en la salud mental de la población consumidora. [ABSTRACT FROM AUTHOR] |
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